Sh*t happens

La simple palabra “viajar” nos lleva a un sinfín de lugares y nos recuerda a muchísimas experiencias que abarcan todos los rangos de expectativas posibles, porque es la misma acción que desde niña casi siempre relacionaba con la palabra “aventura”.

Y sí, es una aventura, ya que al viajar a un lugar nuevo te estás enfrentando a lo desconocido, y una vez que sales de la estación o del aeropuerto tienes que estar preparado para cualquier evento inesperado. Muchas veces son lindas sorpresas, nuevas amistades, horizontes más amplios y muchas otras, momentos incómodos, problemas legales, y desencuentros sociales.

Los buenos recuerdos son para las reuniones familiares y para los álbumes de Facebook, pero los malos casi siempre son buenas historias que valen la pena ser contadas. Eso es lo que leerán en este artículo, donde ninguno de los participantes la pasó tan brutal como esperaban, pero al menos les quedó un buen cuento para compensar la pálida. Son un poco largas, pero vale toda la pena leerlas. Rueguen que no les pase.

“El loco que me acababa de escupir tenía tres dientes en la boca” (32)

l2QZWIUgY9aVlaDza

“Estaba en Beijing, en el Mercado de las Telas que realmente es el mercado donde venden puras imitaciones, pero todo es demasiado caro ahí porque van puros turistas. Salgo del mercado. Me estaba muriendo de sed demasiado mal, así que decidí comprarme una Coca-Cola que me provocaba. La Coca-Cola más cara que pagué en mi vida: fueron 12$. Pero mi sed iba más allá de cualquier precio o valor, así que decidí pagarlo. Mientras esto estaba sucediendo, un amigo estaba parando un taxi para ir al centro. En ese momento, viene un indigente y me habla en chino, pidiéndome dinero. Evidentemente, le dije: ‘Amigo, no entiendo nada de lo que me estás diciendo. Fuera de aquí, me estoy tomando mi Coca Cola’. Después, el loco se acerca más a mí y me señala la Coca-Cola, y yo le dije: ‘No te voy a dar mi refresco, esta m*erda me costó demasiado cara, olvídalo’. A él inconscientemente le dan ganas de estornudar y el estornudo llegó como una especie de splash a mi cara. Y yo soy demasiado maniático, se podrán imaginar que me caiga saliva de un indigente chino. Cuando se dio cuenta de mi cara, no le quedó de otra que c*garse de la risa. Abrió la boca y vi que tenía tres dientes. Me quedé paralizado, y mi amigo estaba también muriéndose de la risa. Y nada, me monté en el taxi con mi Coca-Cola en la mano, que iba por la mitad y que obviamente ya no me podía tomar. Terminé botando la lata en una basura después de una hora de cola. Gracias”.

“Uno de los guardias había empujado a mi abuela” (21)

xT1XGLzxTFgIwxcbcY

“El crucero en el que estaba hacía un viaje por algunas islas griegas y paraba en El Pireo, que es el puerto de Atenas. Mi familia y yo nos bajamos en Atenas bastante emocionados de ver el Acrópolis y todo ese show. Tomamos nuestro autobús de tour y fuimos viendo la ciudad. Cuando llegamos a las cajas para comprar entradas para el Acrópolis, me dicen que como yo no era mayor de edad en ese momento no necesitaba nada y entraba gratis. Dicho esto, nos dispusimos a entrar y en la puerta el guardia me pide mi ticket. Yo, en inglés, le explico que soy menor de edad y me dijeron que no lo necesitaba. El hombre, un poco molesto, me dice que sí y le dice a toda mi familia (éramos como 16) que se muevan a un lado mientras yo voy a la caja para que me den un papel que demuestre eso. Cuando voy caminando me doy cuenta que no tenía cédula, la había dejado en el barco al igual que mi pasaporte, y le tuve que jalar a la mujer para que me diera mi papelito. Cuando regrese a donde está mi familia, había un caos montado. Mi papá y mis tíos casi cayéndose a golpes con los guardias del Acrópolis porque uno de estos guardias había empujado a mi abuela, ya que ella se molestó porque no me habían dejado pasar sin papelito. Después de unos largos 5 minutos (porque no me paraban bola, ni los guardias ni mi familia), logré entregar mi ticket y pudimos pasar. Cuando entramos, me doy cuenta que hay una pareja de uruguayos riéndose: habían grabado toda la escena. Cuando me acerco un poco más a ellos, lo primero que me dicen fue: ‘Son venezolanos, ¿no?’”.

“‘Puja’, me dijo el pana de los guantes” (30)

aWPGuTlDqq2yc

“Tenía planeado un viaje a Ciudad de México. Tenía que hacer escala en el Aeropuerto de Tucumen de Panamá. Soy productor, y acababa de salir de un evento que terminó super tarde. Mi vuelo era a las 6:30 A.M, por lo que solo tuve chance de ir a mi casa, buscar las maletas e ir al Aeropuerto de Maiquetía. Los que saben, ahí ni loco te puedes quedar dormido. Así que me tocó abordar el avión, todo bello, y cuando me senté, no quería saber nada, solo quería dormir. Estaba demasiado mamado. Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Panamá, dos oficiales de inmigración y dos policías me piden que los acompañe. Me pareció súper raro, pero no me quedaba de otra. Los acompañé hasta un área de inmigración y me metieron en un cuartico donde solo vi una mesa, cuatro sillas y un espejo. Los panas me explicaron que los tripulantes del avión notaron que yo no comí nada en el vuelo, y que era motivo de sospechas. ‘Necesitamos que te tomes este jugo’, me indicaron, pero yo les dije que yo no me iba a tomar nada. No sabía si le habían metido una vaina rara. Les expliqué que había salido de un evento y todo, pero no pararon bola. Luego me pidieron que me quitara la ropa. Terminé estando en pelotas en un cuartico con cuatro tipos y un espejo. Y para más diversión, aparece un tipo con guantes, me toca el abdomen y luego me pide que me ponga de cuclillas frente al espejito. Después de protestar un rato, me puse de cuclillas. ‘Puja’, me dijo el pana de los guantes. Al final, yo aún no entendía qué estaba pasando y me harté, me puse obtuso con los tipos y les dije que yo no iba a tomar nada, que más bien me trajeran un desayuno como es porque tengo hambre. Así me comería eso y el jugo. Al final me trajeron mis panquecas con tocineta y huevos revueltos, y con el jugo. Luego de que pasó todo esto, me explicaron que cuando alguien no come en un vuelo es sospechoso, porque puede ser una mula, que son estas personas que transportan droga en su cuerpo. Obviamente no tenía nada y me dejaron ir, con un desayuno gratis y con una metida de mano”.

Espero que estas historias no les quiten las ganas de viajar, porque no opaca el hecho de que hacerlo nos llena de experiencias, conocimientos nuevos y, bueno, una que otra pálida.

Claramente, la mayoría estuvo de acuerdo en dejar las historias en el anonimato, el último porque no quería que nadie se enterara de que le revisaron su orificio más protegido, y el resto porque simplemente me pareció más prudente así.

Para terminar, repasemos las lecciones aprendidas: uno, come en los vuelos; dos, siempre ten a la mano tus documentos; y tres, huyan de los indigentes chinos.

Si tienes alguna otra pálida que quieras contar, compártela con nosotros.

Bon voyage.