Porque las mamás siempre saben

Cuando somos pequeños, es común que no le hagamos mucho caso a lo que nos dicen nuestras mamás. Ignoramos sus sermones, pensamos que exageran y elegimos tomar esas decisiones que, aunque a veces terminan bien, casi siempre nos damos cuenta que estábamos meando fuera del perol. A medida que vamos creciendo, nos vamos dando cuenta de eso e inevitablemente, nos acordamos de nuestras mamás y de cómo nos hubiese ido mejor si las hubiésemos escuchado.

“No bajes a La Guaira hoy”

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“En mis años de surfista y vaina, yo me la daba de que me lo sabía todo, de pana, rebelde sin causa y mi mamá me dijo: ‘Negro no bajes hoy para La Guaira, tengo un presentimiento’. Yo como que ‘qué coño, quédate tranquila, Cecilia’. Bueno yo bajo y hago mi surf relajado. Para ese tiempo yo tenía un culito en La Guaira y bueno, fuimos a su casa. Perdí la virginidad ese dia pero me puse mal el condón y se rompió pues, cuando lo saco literal no encontrábamos la punta. Estábamos llorando sangre buscando una pastilla, la chama se la tomo, me acuerdo que ella le robó dinero a la mamá para comprarse la pastilla. Cuando por fin regresé de La Guaira, pegaron un quieto por Capitolio en la camioneta, y me robaron mi Sony Ericsson. Cuando llegué, le conté todo y me dijo ‘te lo dije’. Para estas fechas más nunca he hablado con la jeva desde ese tiempo”. Anthony, 22.

“No salgas tan tarde”

“Fue un viernes y acababa de llegar de la universidad. Eran como las seis de la tarde y yo tenía muchas ganas de salir, así que convencí a mi prima y a mi hermana de ir a comer por ahí. Mi mamá no quería que saliéramos tan tarde, pero no creí que nos pasara algo. El hecho fue que salimos como a las siete de la noche, y fuimos en el carro a un lugar de hamburguesas. Cuando terminamos, mi hermana me preguntó si ya nos íbamos a la casa y yo le dije que no, que todavía era temprano y sería una buena idea ir a un mirador brutal para ver la ciudad de noche. Estábamos llegando y la tapa de una alcantarilla estaba fuera de su lugar, como parada; pero no la vimos y le pasamos por encima. Resulta que cortó por la mitad varias partes del carro por debajo: el parachoque, la caja de aceite y el filtro de aire. Se dañaron los frenos y, por ser una subida, el carro comenzó a retroceder. Conseguimos salir del carro antes de que chocara contra un poste, y cuando llamé a mi mamá, me dijo: ‘Les pasó algo, ¿verdad? Les dije que no salieran tan tarde’. El carro quedó, prácticamente, inservible”. Joiver, 22.

‘Si no te sirves el trago, no lo tomes’

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“Estábamos en una fiesta en un club. Fue un poco antes de la graduación del colegio, y me empecé a juntar con un chamo que pensé que era mi amigo. Él pidió un servicio de ron y bueno, empezamos a tomar. Tomé como dos vasos solamente y, de repente, me empecé a sentir demasiado mal, me mareé y mi cabeza me comenzó a doler bastante. Llegué a un punto en el que no sabía dónde estaba ni nada, y luego el chamo con el que estaba quería que me fuera con él. Menos mal que, en ese momento, una amiga me detuvo y me dijo que no. Se dio cuenta que estaba súper mal y hasta le gritó al pana. Terminaron por sacarlo del local y yo terminé en el hospital. Me había puesto LCD en el trago. En todo momento me acordé de mi mamá que siempre me había dicho que no confiara en nadie a la hora de beber”. Isabel, 21.

‘No te lo hagas’

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“Antes de hacerme el piercing de la lengua, mi mamá me había dicho que no me lo hiciera porque esa parte del cuerpo es propensa a muchas infecciones y eso. El día que me lo hice, no le dije nada a mi mamá. Entonces un día, fuimos al supermercado y después de pedirle que no se molestara, le saqué la lengua y le mostré el piercing. Ella se puso a llorar. Las semanas siguientes, se podría decir, que fueron las más dolorosas de mi vida, y por un buen momento, me hubiese gustado haberle hecho caso a mi mamá, aunque luego se curó y me lo llegué a tripear demasiado”. Ricardo, 23.

Creo que las mamás siempre saben qué es lo que mejor nos conviene. Ellas lo saben y nosotros también. Aunque la mayoría de las veces tienen la razón, en ocasiones simplemente no nos importa y pagamos las consecuencias por eso. Pensamos que decir “Te lo dije” las hace felices, cuando en realidad lo que las hace felices es no vernos mear fuera del perol. Lo que nos hace calarnos su regaño y amarlas aún más.

Thanx, mom.

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