“¡Haré una genkidama!”

Mi generación dejó de ser adolescente hace siete años, cuando todo era un poco más fácil, pues veíamos el mundo de otro modo. En mis andanzas de muchacho he hecho tonterías que merecen arrepentimiento; algo bueno fue descubrir grandes series de animé, y sentarme religiosamente a verlas. De hecho, llegaba temprano a casa para no perderme los clásicos openings: piezas infaltables, mágicas y emocionantes a pesar de su corta duración. Un minuto de música y fantasía bastaba para tranquilizar el ímpetu de las hormonas.

En Japón son conocidos como “Anison” (anime song), interpretados generalmente por bandas de punk, heavy metal y rock progresivo, entre otras vertientes del rock. Gracias al animé conocí este género. Por suerte, no soy un otaku empedernido, pero sí un melómano por excelencia. Tengo un amigo que se burla porque suelo cantar uno que otro opening. “Tú ni hablas japonés”, me dice. Es verdad, aunque ignora que la música es universal. Una buena canción se reconoce en cualquier idioma. Además, sus letras te fortalecen y te invitan a seguir hacia adelante. En mi juventud me las tomaba a pecho para lograr objetivos como conquistar a una muchacha, defender a alguien o afrontar la muerte de mi perro. El pasado suele causar esa incómoda sensación porque el tiempo no perdona. ¡Ah! Esa frase está inspirada en Juan Gabriel, no del tema que estoy hablando. Lo siento. Como seguía, mi niñez y adolescencia fueron conquistadas por estos openings de animé:

Cha-La-Head-Cha-La (Dragon Ball Z)

Gokú ya es todo un padre de familia y también un gran guerrero. El opening que introduce sus aventuras y desventuras es Cha-La-Head-Cha-La, escrita por Yukinojo Mori a petición del mismo creador de la serie, Akira Toriyama. Esta curiosa frase significa estar calmado, mantener la compostura o no preocuparse: perfecta para disfrutar una de las mejores series de la historia. Si no la cantaste imaginando que lanzabas una genkidama, tu infancia fue aburrida.

Pegasus Fantasy (Caballeros del zodiaco)

Hasta el episodio 73, escuché esta anime song sin parar: «Siempre la verdad / vencerá a todo el mal. / Y si tú quieres ser / un guerrero vencerás. / Con todo el poder / llegarás hasta el final». Así dice la letra al compás de un ritmo heavy metalero de los ochenta. Los puños, al igual que en Dragon Ball Z, son superficiales. Lo esencial es el mensaje: ¡Nunca te rindas y, si es necesario, golpea!

¡Atrápalos ya! (Pokemón)

Tengo que ser siempre el mejor

mejor que nadie más.

Atraparlos mi prueba es,

y entrenarlos mi ideal.

Yo viajaré de aquí a allá,

buscando hasta el fin.

Que te digan esto cuando estás pequeño es bastante tentador. Por mala suerte, era sometido en mi niñez, así que no salía mucho y no me quedaba otra opción más que imaginarme atrapando pokemones. Esta serie me encantó por el grado de fantasía. ¿Quién no quería un pokemón, y más cuando el opening te alentaba en cada momento?

Grip (Inuyasha)

Hasta ahora he hablado sólo de los primeros openings de cada serie. Pero para mí, el mejor de Inuyasha es el cuarto, interpretado por Gabriela Vega, cantante de doblaje cuya hermosa voz me hipnotizó, aparte de Sango. La canción es grandiosa, además es la introducción a una de las mejores sagas: la de los siete guerreros.

Dragon screamer (Súper campeones)

Cada vez que escuchaba este opening, me levantaba y le cantaba al televisor. ¡La música es ecléctica! Gracias a la canción (y también al animé), me interesé por el fútbol, al menos para apoyar a la selección de Japón que iba a un mundial. Lástima que sus sueños de contar con un héroe como Oliver, son lejanos.

Sobakasu (Samurai X)

A veces me fastidiaba la trama, y por eso me limitaba a repetir el opening. El sonido de la guitarra fue lo que me enganchó a esta serie. Es una canción poderosa que sigo escuchando hasta el sol de hoy. Sin embargo, nunca he visto el animé hasta su capítulo final, a pesar de que sus dos temas introductorios me parecen los mejores.

One half (Samurai X)

No entiendo ni una frase de lo que canta Makoto Kawamoto. Lo sé, sin embargo, ésta canción es heterogénea: en un momento suena a balada y en otros a post-punk o funk. Las líneas de bajo, los beats de batería, el rasgueo de la guitarra y el dulce sonido del teclado, me cautivaron.

Hoy soy un viejo masoquista, y por eso de vez en cuando escucho los openings, para pisar tierra. Y es que ya no soy un niño.