Yo, con el aguacate antes: “Bah, es una moda millennial en la cual no caeré”. Y pensar que alguna vez fui tan ingenua…

Hace menos de un año comencé a notar algo extraño en las redes. La moda fitness ya era algo con lo que había aprendido a vivir, pero había algo más que estaba pintando todos los blogs y las redes sociales del perturbadoramente sano color verde. Se trataba del antes subestimado aguacate, pero como cosa rara, no le presté demasiada atención. Me dije a mí misma: “Es sólo una moda millennial en la cual no caeré. Ya pasará”.

No había bajado mi guardia; ni siquiera con la moda unicornio y menos con la de los trescientos cuarenta y tres mil tipos de lattes. Era una sobreviviente, a diferencia de otros jóvenes que han hasta hecho cervezas de aguacate y han permitido la lucha de carteles mexicanos por esta fruta (sí, fruta). Yo no. Para mí, el aguacate era sólo un complemento verde que mi mamá utilizaba en ensaladas y para hacer guacamole. Ahora están en todas partes, en cada plato del día y en cada variedad de ellos. Mañana, tarde o noche, ahí están, sea en un postre, en una pasta o hasta en un plato con carne.

toast

Sólo mírenlo.

Y no empecemos con las tostadas. Los aguacates se han adueñado del pan, y ya no hay vuelta atrás. Un columnista australiano incluso dijo que los jóvenes en su país bien podrían comprarse una casa con lo que gastan en tostadas de aguacate. En fin, ya me tenía verde todo el asunto.

Sin embargo, todo cambió (disfruto demasiado este dramatismo) el día en el que decidí salir con un hombre que tenía un árbol de aguacate en su casa. No estaba en mis planes, y de la nada me convertí en la envidia de toda la gente a la que le hacía bullying por su fiebre. Y bueno, ahí fue.

En el desayuno, acompañado de unas buenas arepas o de pan tostado con queso (sí, me convertí en todo de lo que dudaba). En el almuerzo, con pabellón criollo; y en la cena, tortillas o wraps. ¿Qué podía hacer? Si me conocieran, sabrían que no hay plato que yo no coma, y no podía rechazar algo que se había convertido en un must para mis comidas.

Esta moda también la llevé a mi casa, donde sólo estaban acostumbrados a ver el aguacate en guacamole y ensaladas. Fui partícipe de la avocado fever sin estar realmente consciente de ello. Todo este análisis lo planteé semanas después, cuando me encontré haciendo quizzes en BuzzFeed para saber, de la forma más patéticamente fiebrúa, qué tostada de aguacate era. ¿De pana necesitaba saber eso? No, ¿pero qué podía hacer? Hasta me convertí en el tipo de persona que iría a este lugar con una frecuencia preocupante.

Se me quitó el remordimiento cuando descubrí que esta hermosa fruta tiene tantos beneficios como compatibilidad de platos. La nutricionista venezolana Daniela Carrillo indicó que tiene altos niveles de fibra, potasio, antioxidantes y grasas saturadas. Y además, sabe divino con prácticamente todo.

Sin poder evitarlo, no sólo comprendí la avocado fever, sino que formé parte de ella y me convertí en una de las precursoras más dedicadas en mi círculo social. En parte porque los como gratis (quién rechaza algo gratis), y en otra parte porque son lo máximo.

Y tú, ¿qué sientes por los aguacates? #FeelTheAvocadoVibe