El tipo de jalabolas que nunca faltará en tu vida - Komienza | Vive tu vida al máximo
Una enfermedad sin cura

A donde `vayas, conocerás a un lacayo adulador. Mejor llamémoslo jalabolas. Estés donde estés, del modo que sea, en cualquier momento, verás a una persona dedicada a esta ciencia. ¡Porque es una ciencia! Se requieren de años para aprenderla y ejecutarla a la perfección; no es posible hacerlo sin el pensamiento, que es impulsado por el egoísmo, hipocresía y envidia. Las instituciones como la familia, la educación, la política, el trabajo y la comunidad son expertas en parir gente así.

Durante el siglo XIX e inicio del XX, surgió en las cárceles una forma de llamar a los presos que tiraban de las pesadas bolas de hierro que impedían mover el cuerpo de otro preso. Este le pagaba para que le aliviara la carga y así caminar con facilidad. Con poco esfuerzo se puede imaginar la escena.

Y ahora ya sabes por qué los llamaron así. El nombre trascendió las fronteras sociales de Venezuela. En cualquier lado se halla alguien dispuesto a “halar las bolas”, solo que ahora son diferentes y variadas.

Esta manera de ser suele confundirse con el empeño, que es totalmente diferente porque lo primero está relacionado con la falsedad que irradia esta clase de gente, mientras que lo segundo significa trabajar para llegar a un fin con honestidad. A veces son pocos los que se identifican con esta filosofía, y pareciera que los jalabolas son la mayoría. Vayas a donde vayas, siempre hay uno.

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El de la escuela

Es el que obedece todo lo que sus superiores le dicen. Si se trata de un estudiante, se sienta en el primer puesto de la fila central para anotar los nombres de los compañeros que hablan en clase. Si es un vigilante, está pendiente nada más del carro del director. Si es una maestra, le presta más atención al hijo de la dueña del colegio.

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El de la familia

Básicamente, suelen ser los hermanos que se pelean para atraer la atención de sus padres, a veces bajo la razón de recibir regalos. En realidad necesitan amor porque nadie los quiere. Para ganar un poco de afecto deben limpiar el cuarto, fregar, barrer y lavar; oficios que nunca practica.

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El del partido político

Para escalar posiciones, hay que aprender de la diplomacia. Esto lo saben los militantes de partidos que aspiran la presidencia. Para llegar a ese puesto hay que escribir los discursos del presidente, y pronunciarlos cuando su líder no esté dispuesto. El jalabolas de la política, tal como se concibe tradicionalmente, también acata las medidas económicas que envenenan un país, no denuncian casos de corrupción o se deja intimidar por la coacción a cambio del confort.

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El del trabajo

Es quien prepara el café de todos. Trabaja horas extras no remuneradas. Su concepto de respeto es responder a cada orden absurda con un “claro que sí”. También se ríe de los memes sin gracia que el jefe comparte en el grupo de Whatsapp, y le responde con gifs cool. Primero es el bienestar de la empresa; especialmente el de la gerencia. Espía a sus compañeros o se queja del trabajo para que te animes a hablar mal. Adivina quien se enterará. Por último y no menos importante, casi todos son poco talentosos, y por eso te copian.

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El de la comunidad

Es quien aparta una bolsa de comida a cada uno de los policías y militares que resguardan el camión del gas, o “les hace una colecta” para pagarles. También le es difícil evitar no emocionarse cuando sus políticos preferidos pasean por la comunidad porque la campaña se aproxima. Ni hablar de las propuestas que se les da: todas son arrojadas a la papelera, pues la plata es para invertirla en una cancha que no han construido desde hace 20 años. Su lema es “primero yo, digo, primero la comunidad”.

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Lo mejor es dejar que esta enfermedad carcoma a estos tipos de jalabolas. Es altamente contagiosa y, si vives en un entorno saludable, estarás lejos del virus.