Legalmente sólo se puede consumir y donar

En la capital de Estados Unidos, el ingenio para vender marihuana está ganando terreno a pesar de que la comercialización de estupefacientes es penalizada. No hace falta hacerlo directamente, y por eso es legal. Sólo se necesitan ingeniosas maneras; discursos de autoayuda, pegatinas o jugos de frambuesas, por ejemplo, son las más utilizadas por start ups de la ciudad.

Se trata de ofrecer un producto con un “regalo”. Sí, es marihuana. Por ejemplo, cada domingo, como reseña la BBC Mundo, un hombre reparte tarjetas de visita con la estampa de una hoja de marihuana sobre un fondo negro; quien manifieste atención o agrado por lo que recibe, es llevado hacia una esquina para enseñarle un conjunto de 18 smileys adhesivos que cuestan US$60. A cambio, el cliente recibe lo prometido, también 3,5 gramos de marihuana. “La hierba es un obsequio”, asegura.

En Washington, es legal fumar con fines recreativos desde el 2015. Los mayores de 21 puden hacerlo en lugares privados, tener 56 gramos y cultivar hasta 6 plantas de cannabis, siempre y cuando vivan 2 personas en un lugar. A pesar de esto, no se puede vender ni consumir en la calle, algo que ha llevado a los comerciantes a hacer lo mismo que aquel vendedor de tarjetas.

HighSpeed es una tienda que vende jugos de frambuesas o limón por internet. Las botellas de 300 mililitros cuestan US$55. ¿Por qué? El “regalo” es una bolsa sellada de metal llena de flores de cannabis de color amarillo y morado. "Somos una empresa de tecnología que ofrece jugos", afirmó a la BBC David Umeh, el joven que creó el negocio. "La marihuana es un regalo y eso es totalmente legal", insistió. Mientras otros ofrecen jugos, los creadores de sitios web y apps ofrecen camisetas, carteles con fotos de paisajes, esculturas, llaveros o entradas para festivales. Por supuesto, todos el incluyen el regalito.

Por último, unos se enfocan en producir discursos de motivación a través de aplicaciones para celulares. La cosa es así: el cliente adquiere la información, el mismo fundador de la compañía se dirige hasta la casa del cliente. ¿Para qué? Le brinda un discurso de autoayuda y luego, el weed regalo.

Para algunos expertos, esta lógica de obsequios es un truco ilícito porque la adquisición de estos productos conlleva a pagarlos por precios hasta 60 veces superiores a la medida del marcado. En otras palabras, son una fachada para la distribución del cannabis, pues la ley prohíbe la venta a menos que sea marihuana medicinal. De lo contrario, las compañías se llevan el dinero a cambio de una donación que no lo es en la estricta palabra.

Si esto sucede es porque la demanda es alta. Y así es, de acuerdo a una investigación de las revistas Forbes y Business Insider, en Estados Unidos se han facturado US$6.700 millones en 2016, cantidad superior a la del año anterior.

En el artículo titulado "Washington tiene olor a marihuana y a sus residentes no les importa", The Washington Post difundió un estudio que mostraba que el 57% de los habitantes percibía un olor a cannabis al menos una vez al mes. De estos, el 62% afirmó que no esto les preocupaba.

Parece paradójico cómo funciona la ley. Por eso las marcas tratan de actuar sin violarla. Los dueños están al tanto de que el mercado de la marihuana es jugoso, porque en los últimos años se ha visto como el aspecto liberal de la vida ha crecido en cuanto al número de personas que la practican, y el mercado se acelera a medida que el consumo de cannabis es legalizado. Lo prohibido vende, y mientras sea así, se buscará la forma de no actuar fuera de la ley sin recibir dólares a cambio. Estos precios no son un regalo, son parte del producto.

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