Lo dice una persona que no escuchaba reggaetón desde el octavo grado.

Antes de que sigan leyendo, les advertiré que esto será un análisis absolutamente subjetivo, y hasta dramático, con respecto a la música de Maluma. Un cantante del reconocido reggaetón cuyo nombre y renombre nunca me llamó la más mínima atención, pues su género musical había sido reprimido de mis entrañas poco antes de graduarme del colegio, momento en el que decidí que muchas cosas no eran para mí. Entre ellas los leggins, el intento de ser demasiado pana y, por supuesto, el reggaetón.

Todo comenzó cuando un compañero, y casi todos mis compañeros, decían que el reggaetón lograba maravillas cuando tu propósito circunstancial era concentrarte. Se lo negué diez mil veces, y lo miraba desdeñosamente por contaminar mi espacio con el mismo sonido que escuchaba en el metro y en las camioneticas. Sin embargo, el ocio me haría cambiar de opinión no mucho después.

Una tarde tenía que escribir un artículo y simplemente no podía despegarme de Facebook ni de BuzzFeed, así que, ¿por qué no? Abro una nueva pestaña y me meto en YouTube como casi nunca hago cuando quiero escribir. Y por casualidades inventadas de la vida, la primera canción recomendada que conociera del género era de nuestro pana, Maluma. Ahí fue, le puse play a El Perdedor y ya no hubo vuelta atrás.

No pude escribir hasta media hora más tarde una vez que pude ver todos los videos de Maluma Vevo que pude. Fue anormal. Yo, una chama que presumía de gustos musicales algo pomposos como el rock clásico e incluso a veces el indie rock, estaba cantando sin remedio Felices los 4. ¿Qué me has hecho, Maluma?

Primero, me impresionó lo mucho que habían cambiado los videos musicales, por supuesto que siguen estando presentes muchos culos y tetas, pero ahora son más románticos y hasta mejor producidos. Luego, me gustaron las historias, que no fueron tan ordinarias y desagradables como las recordaba. Y por último, pero no menos importante, por supuesto que caí enamorada de Maluma. Que, aunque tenga sus “cuatro babies”, no me importa porque él ya se convirtió en el mío.

Todo, su bello acento colombiano, su fingida timidez, sus ojos, sus tatuajes, y claro su… todo. Lo sé, no estoy orgullosa de esto. Pero no pude evitarlo. En gran parte fui víctima de estrategias de marketing que no dudaron de lo fácil que sería vender un producto tan bien elaborado como Maluma. Las chicas son el primer objetivo y los chicos quedan en segundo plano para enamorar a sus cuadres fingiendo que pueden llegar al mismo nivel que el bello colombiano.

Obviamente su estilo no representa todo el contenido reggaetonero que navega por el mundo, pero puede ser el inicio de una hermosa amistad, pues también me convertí en víctima de J Balvin, y así poco a poco me voy enredando en este género tan criticado y la vez tan pegajoso. Supongo que nunca llegué a quemar esa etapa, y como muchos que conozco, sé que será una etapa difícil de superar. Pero una vez más no me importa porque sé que Maluma estará ahí para mí.

Mientras tanto seguiré escuchando Sin Contrato, claro, para “concentrarme”.

Sorry not sorry.