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#PálidaBrou: Accidentes casi trágicos que te harán buscar detergente para tus pantalones - Komienza | Vive tu vida al máximo
Los pantalones de esta gente de vaina permanecieron limpios después de esto.

 Debo admitir que no sé manejar. En parte, porque me aterra controlar una máquina siete veces más grande que yo (ya que ni siquiera me va bien con las pequeñas), y además porque soy una perdida que siempre se hace la loca cuando le preguntan direcciones (Dios se apiade de quien acepte mis indicaciones).

Entonces, les presentaré a unas personas que viven de la satisfacción de no ser tan cagados como yo, pero que tuvieron sus pálidas por andar de cómicos por la carretera. No hay que tenerle miedo a todo, es cierto, pero tampoco hay que dejar de tomar previsiones. Así que, seas peatón o conductor, tienes que escuchar lo que estas personas tienen para decir. Unos la pasaron mal y otros de vaina pudieron mantener sus pantalones limpios.

Daniela, 26: “En principio, íbamos al partido de fútbol del hermano de una amiga. Ella no quería ir sola pues, y como además estaba aprendiendo a manejar, estaba fiebrúa y quería llevarnos y traernos. Relajado. Estábamos los muchachos y nosotras saliendo del partido cuando comenzó a llover. A la mitad de la autopista, nos topamos con una curva súper heavy y ella pierde el control. Lo primero que hice fue gritarle que no frenara, y como cosa rara, fue lo primero que hizo. La vaina esa comenzó a derrapar hasta que se paró en sentido contrario a la autopista. Cuando nos salimos, ella se quedó dentro del carro porque estaba en shock. No se podía mover de lo cagada que estaba. Así que la tuve que sacar yo y manejar yo. Después de esa pálida, la pana no quiso volver a agarrar un volante”.

Andrés, 21: “”Una vez estábamos mi mamá y yo regresando de La Guaira a Caracas. Nuestro carro era medio viejito pues, y en medio de la carretera había un caucho de gandola. Esa cosa es muy grande. Nos montamos encima de eso a una velocidad demasiado alta. Fue como chocar, y nos llevamos el caucho por la vía. Quedamos en el medio de la nada, sin luz y esperando a la grúa en la madrugada. Dormimos ahí y todo…”.

Juan, 21: “Fue como en octubre del año pasado. A mí y a mis panas nos habían invitado a una fiesta de Halloween, así que nos fuimos en cambote en el carro de un pana, Alejandro. Estábamos disfrazados y todo, algo así como Friends pero sin serlo. Y nada, bebimos, fumamos, jodimos, y a eso de las 4 de la madrugada todo el mundo estaba achicharrados, y nosotros estábamos burda de cansados. Entonces les propuse a mis panas achantarla un rato en mi casa y que luego cada uno pirara cuando amaneciera. Todos estuvieron de acuerdo, así que salimos de la casa. La vaina quedaba en el Cafetal y, cuando íbamos por Chuao, yo me estaba burlando de Alejandro porque estaba todo concentrado manejando. Y bien pues, pero me daba risa que estuviese así a lo Toretto. Y justo en el momento en el que le estaba diciendo eso, una pana grita y que ‘¡Cuidado!’ Así que, cuando yo veo, está un carajo en la mitad de la calle con los brazos al aire. Alejandro supo maniobrar y por reflejo lo esquiva, pero coño, estábamos literal al lado del Guaire y el carro comienza a derrapar hasta que chocamos contra un poste de luz. Después, todos nos salimos del carro con el hyper de que si seguíamos vivos y vaina, pero estábamos bien, menos un pana que tuvo un esguince en el brazo. El loco ese seguía parado ahí y se notaba que estaba drogado hasta los tuétanos, y se nos estaba acercando. Por suerte, había una patrulla cerca, y esa fue la única vez que me sentí seguro con la policía de acá. De ahí todos nos fuimos en taxi, pero verga, es burda de loco estar en una situación así porque literal no piensas en nada, sino en cuándo va a terminar. ¿Y sabes qué es lo más chistoso de la situación? Que chocamos, nos salimos del carro y vaina, y la maldita canción de Riptide seguía sonando, con el carro vuelto mierda y todo”.

Óscar, 20: “Un día estaba en casa de mi abuela con mi mamá, y mi papá nos fue a buscar a eso de las 11 de la noche. Cuando íbamos de regreso, yo iba acostado en la parte de atrás. Luego, cuando mi papá iba a cruzar para ir a nuestra casa, una moto le pegó del lado derecho del carro, justamente en la puerta donde estaba yo y la del copiloto, donde estaba mi mamá. Entonces, el motorizado se arrechó (siendo culpa de él) y esperamos a tránsito hasta las 12 de la noche, para nada, porque nunca llegaron y el motorizado quería que ajuro le pagáramos sus repuestos. Al final, mi papá tuvo que pagar todo el daño de la moto. Fin”.

Cuando escuché todas estas historias, me di cuenta de lo “afortunada” que había sido al posponer mis clases de manejo. Aunque la facilidad de traslado es lo máximo y hasta hace tu vida más fácil, todo tiene un riesgo, y una persona asustadiza como yo lo sabe.

Así que, inevitablemente, los accidentes ocurrirán. En especial cuando elijes la madrugada como mejor hora para conducir, o simplemente cuando no estás pendiente del camino. Falla en eso y podrías ser testigo de los segundos más largos de tu vida.

Drive safe, people!