chadkroeger

¿Qué puede ser peor que tener el inbox lleno de spam? Tenerlo lleno de letras de Nickelback.

Ben Sasse, senador de Nebraska, tiene enemigos bastante crueles que apuntaron sus cuentas de correos en bases de datos para recibir material promocional de Nickelback, la banda de post-grunge mejor conocida -por mi- como “El Maná de Canadá”.

El 16 de Junio, el senador republicano, twitteó “A quien sea que haya suscrito mis cuentas de correo (Familiar, trabajo, y obsoleto) a múltiples promociones y lista de correos de Nickelback: No. Es. Gracioso”.

Un montón de gente decidió salir del clóset de “gente que secretamente se sabe canciones de Nickelback”, y hacer juegos de palabras mientras le reclamaban por su decisión de no hacer público un proyecto de ley, o sólo aprovechaban para quejarse de la banda:

Nickelback por su parte, no ha dicho nada al respecto. Principalmente, porque están súper ocupados con la promoción de su séptimo álbum de estudio. A lo mejor no te parece raro que no hayan contestado nada, pero la banda es excesivamente peleona en Twitter y tienen historia contestándole a sus detractores. De hecho, a principios de año “pelearon” con Arnold Schwarzenegger, y este mes el vocalista decidió hablar mal de alguien de Slipknot.

Y como en el internet nada pasa sin que salga una teoría conspirativa al respecto, hay gente diciendo que esto es sólo el senador haciendo un triste intento de broma que además es repetida:

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Independientemente de si es real o no, o si Ben Sasser está viviendo el día de la marmota con una inmunda banda canadiense, lo que es innegable es que el desprecio hacia Nickelback es unificador.

Más o menos desde el 2004 fue socialmente aceptado odiar a Nickelback. Primero, porque “Ugh”. Segundo, porque tienen el sonido más simplón del planeta, el cual aparentemente reciclan una y otra vez para sus canciones. Tercero, porque son tan pavosos como un papá divorciado chanceándole a las amigas de su hija. Y cuarto, porque alguien en la historia de la humanidad decidió que siempre está bien burlarse de cosas de Canadá, y Canadá no se ayuda a sí misma produciendo cosas como Avril Lavigne y Nickelback.

El odio hacia Nickelback fue escalando hasta que eventualmente Nickelbacking se volvió a thing. Si no te suena por el nombre, es lo mismo que hacer Rickrolling pero con Nickelback. Es decir, decides trollear a tus amigos y engañarlos para que escuchen canciones de Nickelback. Como todo lo que pasa en el internet, eventualmente se usó tanto que mostrar un odio apasionado hacia Nickelback para hacer bromas al respecto es el chiste más fácil que alguien podría hacer. Básicamente, material de noche de micrófono abierto para stand-up amateur en algún pueblo que nadie conoce.

Tal vez ya es hora de que colectivamente pasemos a odiar algo más nuevo, como The Chainsmokers y la actitud de patanes que tienen en todas sus entrevistas. We’re better than Nickelback, guys.