Una chica le escribió una carta al hoyuelo de su nalga. Al igual que ustedes, pensé que fue algo raro - Komienza | Vive tu vida al máximo
Lo hizo una entrenadora fitness, y me di cuenta que en realidad no es mala idea.

La primera vez que leemos algo así, por supuesto que vamos a pensar “Ese hoyuelo debe ser su pana como para escribirle una carta”. Pero resulta que ese pequeño hoyuelo fue motivo de tortura para la joven Victoria Dariano.

Ella publicó la semana pasada una foto de su “imperfección”, y prácticamente le dijo go fuck yourself.

“Querido hoyuelo,

Recuerdo la primera vez que apareciste. Tenía 15 años y desde entonces, has tenido un inmenso y negativo impacto en mi vida. Desde entonces me has hecho sentir mal conmigo misma”, dice.

A lo largo de la carta describe lo que cualquier ser humano puede sentir con respecto a una gran inseguridad personal. La acusa de ser motivo de inquietudes mentales por sentirse obligada a ocultarla con franelas largas, por afectar su decisión en trajes de baño y por hacerla sentir insuficiente.

“Solía hacer más ejercicio de lo normal sólo para verte desaparecer. Solía mejorar mi alimentación sólo para verte desaparecer. Incluso consideré el tratamiento para celulitis sólo para finalmente verte desaparecer. Pero nunca lo hiciste y hasta el día de hoy no lo has hecho”.

No les mentiré. Al principio me pareció de lo más raro y exagerado. Pero cumpliendo con mis propósitos de Año Nuevo, intenté ponerme en sus zapatos, aunque para mi sorpresa me encontré de nuevo en los míos. Cómo no hacerlo; nos pasa a todos, todos los días. Así que me abstuve de criticar, como en muy particulares veces lo hago, y me detuve a analizar un poco mejor la situación.

Estamos hablando de una entrenadora personal que publicó mediante Instagram una carta dedicada al motivo de sus desvelos y sus inseguridades. ¿Quién no se sentiría identificado con eso? Y una carta. Mi mamá siempre me enseñó que escribir una carta hoy en día es de valientes. Además, Victoria lo hizo como si se tratara de un enemigo al que le ofrece la paz.

“Te escribo para decirte que me harté de dejarte ganar. Más nunca te sentiré que no valgo, que no estoy en forma o que no soy lo suficientemente buena por tu culpa. No volveré a tener miedo de usar cierta ropa por ti. No te ocultaré más. Eres lo que eres y finalmente ya estoy en paz con eso. Por fin te he aceptado”. Demasiado poderoso, ¿ok?

A medida que voy leyendo me voy dando cuenta que en realidad está hablando de sí misma. Está hablando de una parte de ella que no le gusta, que nunca le ha gustado, y por fin se está enfrentando a eso. Se puso a sí misma en el ring de batalla y ganó. ¿Cuántos de nosotros podemos decir eso? Capaz muchos, pero muchos otros no. Y yo soy una de ellas.

Sin pretensiones de ser intensa, siento que este tipo de actos son bastante subestimados. Aunque una parte de mí hubiese preferido la idea de que estas cosas se hagan en privado, otra parte de mí dice “qué coño”. De lo contrario, no me hubiese enterado.

Por muy ridículo que suene, de verdad admiro esta carta. Me pareció raro, sí. Pero creo que es algo que deberíamos hacer algún día porque, aunque a veces seamos nosotros contra el mundo, muchas otras veces nos enfrentamos a nosotros mismos sin poder ganar. Te comparto esta opción porque no pierdo nada con hacerlo.

Ahora supongo que me toca a mí.

“Querida ancha y extraña nariz…”.