El alcohol convirtió a estas personas en cantantes, bailarines y hasta detectives, o al menos eso pensaron.

Desde que tenemos uso de memoria, la sociedad, nuestros papás y las vecinas metiches nos han convencido de lo peligroso que podría ser el consumo excesivo de las bebidas fermentadas. Al principio no lo queríamos creer, ¿por qué habríamos de hacerlo?

Nos hacen creer que bailamos mejor que Beyoncé, que nuestra voz llega tan alto como la de Celine Dion y que podemos ser tan seductores e intuitivos como Bond, James Bond. Sin embargo, es al día siguiente que nos damos cuenta del miserable engaño a través de los cuentos de otros conocidos, y de hasta pruebas audiovisuales que nos hacen dudar de nuestra propia identidad.

Hacemos el ridículo y lo entiendo, porque tanto los mojitos como el tequila me han llevado por el mismo vergonzoso camino. Y como uno siempre se siente mejor con la frase “no fuiste el único”, me sentí reconfortada al escuchar sobre otros interesantes espectáculos.

“Una vez, no sé qué me pasó que me puse a cantar canciones de Juan Gabriel llorando y luego le vomité el bolso a un pana”, Miguel, 20.

“La novia de mi tío una vez estaba tan, pero tan borracha, que una noche que estábamos todos en la casa que intentó hacerle un twerking, pero terminó haciéndole un baile erótico a mi tío donde comenzó (con) la blusa y casi que el sostén hasta que todos comenzamos a gritar ‘Basta’ y los separamos porque ella estaba que se quitaba todo. Y obviamente, mi tío tenía un ‘problemita’”, Daniela, 22.

“Hace como un año hice una reunión en mi casa, sólo éramos unos panas, mi novio y yo. Pero entonces se les ocurrió la idea de hacer mojitos. Yo bebo mojitos como si fuera agua y como a la media hora, ya estaba cayéndome de mi silla. Me dijeron que intentaron hacerme tomar agua pero yo sólo gritaba ‘El agua es para maricos’ y seguía bebiendo. Al final me tuve que acostar porque ya estaba demasiado mal. Eso fue como a las 12 de la noche. O eso me dijeron”, Sofía, 21.

“En Semana Santa una vez en Margarita, nos robaron a unas amigas y a mí una cartera en una discoteca. Dentro estaban nuestros celulares, tarjetas y efectivo. Bajo la mala influencia del alcohol no se nos ocurrió mejor idea que perseguir al malhechor por la isla con Find My iPhone. En el trayecto nos topamos con una patrulla de policía en la que se subió la que estaba con el gps de Find My iPhone (inteligentísimo porque además iba ella sola) para obligar a la fuerza al malandro a que nos devolviera nuestros peroles. Total que llegamos a un puesto de perros en el que estaba el ladrón con la fulana cartera, los policías lo montaron en la patrulla y mientras nosotros cantábamos victoria borrachas, nos dimos cuenta (de) que la patrulla se fue con el malandro Y CON LA CARTERA. Nos habían robado otra vez”, Ainoa, 21.

“Una vez estaba tan rascado que acababa de salir de una discoteca con unos panas y nos fuimos caminando desde Las Mercedes hasta Chacaíto para agarrar un taxi. Pasamos frente a una patrulla y agarré una piedra, estaba a punto de lanzársela pero me la quitaron. Luego me contaron que di como siete pasos antes de agarrar otra, pero también me la quitaron de vaina”, José Alejandro, 24.

“La única vez que me he cascado en mi vida fue en una fiesta a la cual llamaban "Droga Party" (obviamente yo no sabía de este pseudónimo). Long story short, me drogaron y no recuerdo absolutamente nada de esa noche. Me levanté al día siguiente en mi cama con 10 videos míos de un ataque de estornudos que aparentemente me dio”, Federica, 18.

Resulta que el alcohol ha engañado a más de uno, pero ¿cuál es nuestro show? Si se nos presenta la oportunidad de beber del mágico elixir, no tendremos problema en montar otro show. Todo lo contrario, en un cerrar de ojos ya estamos buscando patrocinadores e indicando a los fans que hagan sus respectivas filas.

El alcohol nos dirá muchas mentiras, pero una cosa es cierta: nunca nos dirá “no puedes”. Y si queremos convertirnos en un detective a lo Bond, James Bond, en una experta en twerking como Nikki Minaj, o incluso en Juan Gabriel, nunca nos faltará la confianza siempre y cuando tengamos una botella de ron al lado.